domingo, 30 de marzo de 2008

Apuntes inacabados desde el Monte Carmelo

Es el momento de irse a descansar, cuando el tedio diario ya no es tedio y tus pies se declaran en vaga reivindicando el detalle. El colchón te abraza, te susurra la almohada, las sábanas te adoran hasta el despertar. Sea tu carroza de lino o sea de látex, sea de pluma o sea de espuma, en los sueños todo el mundo es igual y todo da igual.

 

En la calle un gato le ha maullado a una gata o es una gata que le ha maullado a un gato. Los cuerpos se abrazan y se confunden los nombres tras muchas paredes. Las persianas ya se cierran como párpados en las casas, uno aquí, ahora otro allá. Lentamente la ciudad desciende pesada hasta un mundo subterráneo de secretos. El viento lo arrastra todo, barre el mundo que creemos conocer. Lo trae y se lo lleva, como late el corazón. El todo atrae a la nada y la nada lo trae todo. Es el momento de descender a ése mundo subterráneo de detrás de las mantas. Detrás de tu piel hay un mundo y un mundo que crea otro mundo debajo de todas las superficies conocidas.

 

Hay cemento debajo de tu cama,  hay una flor que sueña con valles floridos por la mañana y que aún no ha nacido. Todo se crea soñándose y no se es más que se sueña, ni se sueña más que se es.

 

Ves el cemento agrietarse aquí? Y ves ahora como lucha la hierba ante la intolerante baldosa? Aquí y allí, despiertan de su letargo matas de espesa hiedra atenazada al baldosín. Dormitando por décadas bajo el yugo del progreso. Ahí en tu calle, ahora iluminada por la pálida luz de la farola, hay un pensamiento que sigue hibernando debajo de la acera. Un secreto bien guardado.

 

 

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