miércoles, 19 de marzo de 2008

ayer soñé que estaba despierto

Ayer soñé que estaba despierto. En un instante no buscado por largas reflexiones, al menos no conscientes, borré de golpe todas las sombras que envolvían la realidad.

Me encontraba en un gran lago azul, o quizás era un pequeño entrante del mar. El Sol sólo mostraba algunos rayos que se filtraban entre las nubes. Poco a poco, una leve pero constante brisa, fue apartando las bajas nubes que tapaban la luz del lejano astro. De las pequeñas olas que conformaban la superficie del agua, fueron multiplicándose brillantes reflejos. Se creían fuentes al emanar su propia luz, pero seguían siendo reflejos.

Sentí desprenderme de lo aprendido anteriormente para poder ver realmente las cosas sin engendrados artificios, pero lo recordaba todo. Aún así, fui capaz de obviarlas para ver su condición natural, incluso de lo que simplemente recordaba. De hecho, lo aprendido, visto desde esta nueva perspectiva, me servía para entender verdaderamente su sentido original.

No podía verme a mi mismo, pero me sentía sin piel, como si todo mi organismo palpitara descubierto pero sin desmoronase al no tener sustento. Yo ya no era la medida de mis percepciones, simplemente el que las veía sin ojos. El rey no era rey, el mendigo no era mendigo, las penas no eran penas, el muerto nunca había vivido aunque siempre estuvo ahí.

Ayer soñé que estaba despierto, pero seguía siendo solamente un sueño.

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